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La infección neumocócica constituye una de
las causas principales de muerte en todo el mundo y es la mayor causa de
neumonía, bacteremia, meningitis y
otitis media. Las cepas de S. pneumoniae resistentes a las drogas han
llegado a ser cada vez más comunes en los Estados Unidos y en otras partes
del mundo. En algunas zonas se informaron hasta 35% de aislados neumocócicos
resistentes a la penicilina.
Muchos neumococos resistentes a la
penicilina también resultan resistentes a otras drogas antimicrobianas (por
ejemplo, eritromicina, trimetoprim-sulfametoxazol, y las cefalosporinas de
amplio espectro). Ello enfatiza, por lo tanto, la importancia de una
profilaxis con vacunas contra la enfermedad neumocócica.
Epidemiología
La infección neumocócica provoca aproximadamente 40.000 muertes por año en
Estados Unidos. Se estima que al menos se producen 500.000 casos de neumonía
neumocócica por año en Estados Unidos. S. pneumoniae es responsable de
aproximadamente 25% a 35% de los casos de la neumonía bacteriana adquirida
en la comunidad en personas que requieren hospitalización.
La enfermedad neumocócica provoca un
estimado de 50.000 casos de bacteremia neumocócica por año en Estados
Unidos. Algunos estudios sugieren que la incidencia anual global de
bacteremia es de aproximadamente 15 a 30 casos/100.000 habitantes, de los
cuales 50 a 83 casos/100.000 se tratan de individuos de 65 años de edad y
mayores, y 160 casos/ 100.000 son niños de menos de dos años de edad.
En Estados Unidos, el riesgo de adquirir
bacteremias es más bajo entre la población blanca que en personas de otros
grupos raciales/ étnicos (por ejemplo, negros, nativos de Alaska, e indios
americanos).
A pesar de una terapia antimicrobiana
apropiada y de una atención médica intensiva, la tasa de fatalidad general
por caso para la bacteremia neumocócica se encuentra entre 15% a 20% en
adultos. En los pacientes de edad avanzada dicha tasa es de aproximadamente
30% a 40%. Se documentó una tasa de fatalidad general por caso de 36% en
residentes adultos en ciudades, hospitalizados por bacteremia neumocócica.
En Estados Unidos la enfermedad
neumocócica es responsable de un estimado de 3.000 casos de meningitis por
año. La incidencia anual general estimada de meningitis neumocócica es de
aproximadamente 1 a 2 casos por 100.000 habitantes. La incidencia de
meningitis neumocócica es más alta en niños de 6 a 24 meses y en personas de
65 años de edad y mayores. La tasa para la población de raza negra es dos
veces mayor que para los habitantes de raza blanca o hispánicos.
La enfermedad neumocócica invasiva (es
decir, bacteremia o meningitis) y la neumonía causan una alta morbilidad y
mortalidad a pesar de un control antimicrobiano efectivo con antibióticos.
Estos efectos de la enfermedad neumocócica parecen deberse a un daño
fisiológico irreversible provocado por la bacteria durante los primeros 5
días posteriores al comienzo de la enfermedad, y se producen
independientemente de la terapia antimicrobiana. La vacunación ofrece un
medio efectivo de reducir más la mortalidad y morbilidad de esta enfermedad.
Factores de riesgo
Además de los muy jóvenes y las personas de 65 años de edad o mayores, los
pacientes que cuentan con ciertas condiciones crónicas se encuentran ante un
riesgo mayor de desarrollar infecciones neumocócicas y la enfermedad
neumocócica severa.
Los pacientes con enfermedades
cardiovasculares crónicas (por ejemplo, insuficiencia cardiaca congestiva o
cardiomiopatía), enfermedades pulmonares crónicas (por ejemplo, enfermedad
pulmonar obstructiva crónica o enfisema), o enfermedades hepáticas crónicas
(por ejemplo, cirrosis), diabetes mellitus, alcoholismo o asma (cuando se
produce con bronquitis crónica, enfisema, o con el uso prolongado de
corticosteroides sistémicos) se encuentran ante un mayor riesgo de contraer
la enfermedad neumocócica. En adultos, dicha población generalmente es
inmunocompetente.
Los pacientes de alto riesgo son aquéllos
que presentan una menor sensibilidad al antígeno polisacárido o que cuentan
con una tasa mayor de disminución de las concentraciones séricas de
anticuerpos como resultado de: condiciones inmunosupresoras
(inmunodeficiencia congénita, infección por el virus de inmunodeficiencia
humana [HIV], leucemia, linfoma, mieloma múltiple, enfermedad de Hodgkin, o
una malignidad generalizada); transplantes de órganos o de médula ósea;
terapias con agentes alquilantes, antimetabolitos, o corticosteroides
sistémicos; insuficiencia renal crónica o síndrome nefrótico.
Los pacientes que se encuentran ante el
más alto riesgo de contraer una infección neumocócica son aquéllos con
asplenia funcional o anatómica (es decir, enfermedad de las células
falciformes o esplenectomía), ya que dicha condición conduce a una menor
eliminación de bacterias encapsuladas del torrente sanguíneo. Los niños que
presentan enfermedad de las células falciformes o han sido sometidos a
esplenectomía se encuentran ante un mayor riesgo de sufrir sepsis
neumocócica fulminante asociada con una alta mortalidad.
Eficacia
La eficacia protectora de las vacunas neumocócicas que
contienen 6 o 12 polisacáridos capsulares se investigó en dos estudios
controlados en mineros de minas de oro sanos y jóvenes en Sudáfrica, en
quienes existe una alta tasa de ataques de neumonía y bacteremia
neumocócicas. Se observaron tasas de ataques específicas para el tipo
capsular en la neumonía neumocócica para un período de 2 semanas a 1 año
aproximadamente luego de la vacunación. La eficacia protectora fue de 76% y
92% respectivamente en los dos estudios para los tipos capsulares
representados.
En otros estudios similares llevados a cabo por el Dr. R.
Austrian y asociados con la utilización de vacunas neumocócicas similares
preparadas para el National Institute of Allergy and Infectious Diseases
[Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas], la reducción en
la neumonía provocada por los tipos capsulares contenidos en las vacunas fue
de 79%. La reducción en la bacteremia neumocócica específica para el tipo
fue de 82%.
Un estudio prospectivo realizado en Francia halló que la
vacuna neumocócica era 77% efectiva en la reducción de la incidencia de
neumonía entre residentes de un sanatorio.
Un meta-análisis de nueve ensayos controlados aleatorizados
de vacunas neumocócicas llegó a la conclusión que la vacuna neumocócica es
eficaz para reducir la frecuencia de neumonía neumocócica no bacterémica en
grupos de adultos de bajo riesgo, pero no en grupos de alto riesgo. Tales
estudios pueden haberse visto limitados por la carencia de análisis de
diagnóstico sensibles y específicos para la neumonía neumocócica no
bacterémica. La vacuna polisacárida neumocócica no resulta efectiva para la
prevención de la otitis media aguda y las enfermedades del tracto
respiratorio superior más comunes (por ejemplo, sinusitis) en niños.
Más recientemente múltiples estudios de control de casos
demostraron que la vacuna neumocócica resulta efectiva para prevenir la
enfermedad neumocócica seria, con estimaciones puntuales de la eficacia en
un rango de 56% a 81% en personas inmunocompetentes.
Un estudio de prevalencia de serotipos basado en el sistema
de vigilancia neumocócica de los Centros para el Control de Enfermedades
demostró una efectividad protectora general de 57% contra las infecciones
invasivas provocadas por los serotipos incluidos en la vacuna en personas de
6 años de edad; de 65 a 84% de efectividad en grupos de pacientes
específicos (es decir, personas con diabetes mellitus, enfermedad coronaria,
insuficiencia cardiaca congestiva, enfermedad pulmonar crónica, y asplenia
anatómica), y un 75% de efectividad en personas inmunocomprometidas de 65
años de edad.
Duración de la inmunidad
Luego de la vacunación neumocócica, los niveles de anticuerpos específicos
para el serotipo declinan luego de 5 a 10 años. En algunos grupos se puede
producir una disminución más rápida en los niveles de anticuerpos (por
ejemplo, en niños). Los datos limitados publicados sugieren que los niveles
de anticuerpos pueden disminuir más rápidamente en las personas de edad
avanzada mayores de 60 años. Estos hallazgos indican que para proporcionar
protección continua puede resultar necesario una revacunación.
Los resultados provenientes de un estudio epidemiológico
sugieren que la vacunación puede proporcionar protección durante al menos
nueve años luego de recibida la dosis inicial. Se han informado estimados
decrecientes de la efectividad a medida que aumenta el intervalo desde la
vacunación, particularmente entre los muy añosos (personas
≥ 85 años).
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