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En las últimas
décadas, el consumo de bebidas azucaradas (BA),
que incluyen toda la gama de bebidas no
alcohólicas y refrescos (gaseosas), bebidas
de frutas y bebidas vitaminizadas y
energizantes no ha dejado de aumentar en
todo el mundo. Por ejemplo, en los EE.UU.
entre el final de los años 70 y 2006 el
consumo per cápita de BA aumentó 64,4 a
141,7 kcal / día, lo que representó un
aumento de más de el doble. Patrones
similares se han visto en México, donde >12%
del total de la ingesta energética fue
provista por estas bebidas.
De particular
preocupación es la trayectoria rápida de aumento evidente en
muchos países en desarrollo donde el acceso a BA ha crecido de
forma concomitante con las crecientes tasas de urbanización. Las
cifras de ventas de Coca Cola en el informe anual de 2007
muestran que durante dicho año la India y China experimentaron
crecimientos de 14 y 18%, respectivamente, en el volumen de las
bebidas que se vendieron, indicativo de un aumento sustancial en
las ventas a nivel poblacional.
Las BA, las cuales son actualmente
la principal fuente de azúcares añadidos en la dieta de EE.UU.,
contienen edulcorantes calóricos, tales como sacarosa, jarabe de
maíz de alta fructosa o concentrados de jugos de frutas, todos
los que esencialmente tienen los mismos efectos metabólicos. Por
el contrario, una bebida que es 100% jugo de frutas y sin
adición de edulcorantes no se considera una BA.
Cada vez más,
grupos de académicos y organizaciones como la American Heart
Association están pidiendo la reducción en el consumo de BA.
Resultados estudios epidemiológicos prospectivos han mostrado
consistentes asociaciones positivas entre la ingesta de BA y el
aumento de peso y la obesidad tanto en niños como en adultos. La
evidencia emergente sugiere también que el consumo habitual de
estas bebidas se asocia con un mayor riesgo de síndrome
metabólico y diabetes tipo 2.
Las bebidas
gaseosas son un factor de riesgo muy importante para la
enfermedad cardiometabólica y el aumento de peso, por lo que los
médicos deberíamos preguntar a los pacientes acerca de sus
hábitos dietéticos, especialmente el consumo de bebidas
azucaradas, lo que puede ser fácilmente evaluado y modificado.
Se cree que las BA conducen al
aumento de peso debido a su alto contenido de azúcar y su
metabolismo incompleto en las comidas subsecuentes, después de
la ingesta de calorías líquidas. Debido al alto contenido de
hidratos de carbono rápidamente absorbibles como la sacarosa
(50% de glucosa y 50% de fructosa) y el jarabe de maíz de alta
fructosa (frecuentemente 45% de glucosa y 55% de fructosa), en
relación con grandes volúmenes consumidos, las BA pueden
aumentar el riesgo de
síndrome metabólico y
diabetes tipo 2 no
sólo a través de la obesidad, sino también mediante el aumento
de la carga glicémica dietética, lo que lleva a la resistencia a
la insulina, disfunción de las células β e inflamación.
Efectos
metabólicos adicionales de estas bebidas también puede conducir
a la hipertensión y promover la acumulación de tejido adiposo
visceral y grasa ectópica debido a lipogénesis hepática de novo,
resultando en la producción de niveles altos de triglicéridos
altos, colesterol HDL bajo y LDL pequeñas y densas (muy
aterogénicas), aunque los efectos metabólicos específicos de la
fructosa en comparación con la glucosa aún quedan por ser
evaluados. Para resumir la evidencia bibliográfica disponible,
se realizó un meta-análisis de estudios de cohortes prospectivos
para examinar la relación entre el consumo de BA y el riesgo de
desarrollar síndrome metabólico y diabetes tipo 2.
Se realizaron
búsquedas en la base de datos MEDLINE hasta mayo de 2010 de
estudios de cohorte prospectivo acerca de la ingesta de BA y el
riesgo de síndrome metabólico y diabetes tipo 2. Se
identificaron 11 estudios (tres para el síndrome metabólico y
ocho para la diabetes tipo 2) para su inclusión en un
metaanálisis aleatorio, comparando la ingesta de BA en el
cuartil más alto con respecto al más bajo en relación con el
riesgo de síndrome metabólico y diabetes tipo 2.
Las cohortes
incluyeron a hombres y mujeres de poblaciones predominantemente
blancas o negras de los EE.UU., adultos de Finlandia y adultos
chinos de Singapur, con una duración de seguimiento de 4 a 20
años y un número de participantes que van desde > 3000 a >
91000. La mayoría de los estudios utilizaron cuestionarios de
frecuencia de alimentos (CFA) para evaluar la ingesta dietética.
Basados en los
datos de los estudios analizados, se incluyeron 310.819
participantes y 15.043 casos de diabetes tipo 2, las personas en
el cuartil más alto de ingesta de BA (1-2 bebidas diarias o más)
tuvieron un riesgo 26% mayor de desarrollar diabetes tipo 2 que
los pertenecientes al más bajo cuartil (ninguna ó <1 bebida
diaria) (riesgo relativo [RR] 1,26 [IC 95% 1,12-1,41]) (Fig.
1.A). Entre los estudios que evaluaron el síndrome metabólico,
incluidos 19.431 participantes y 5.803 casos, se evidenció que
los participantes en la categoría más alta de la ingesta tenían
un riesgo 20% mayor de desarrollar síndrome metabólico que los
de la categoría más baja (RR combinado: 1,20 [1,02-1,42]).(Fig.
1.B)

Figura 1
Un meta-análisis
dosis-respuesta para el riesgo de diabetes
tipo 2 por cada aumento de una porción de 12
onzas de BA / día resultó en un aumento del
25% del riesgo de diabetes tipo 2 [RR: 1,25
(IC 95% 1.10-1.42)] en el modelo de efectos
aleatorios y en un aumento del 15% del
riesgo [RR: 1,15 (IC del 95% 1.11-1.20)] en
el modelo de efectos fijos (no mostrado).
Para poner esto
en perspectiva, aquellos que beben dos-tres
refrescos por día, su riesgo de desarrollar
diabetes tipo 2 se incrementará en un 30% a
50%, lo que no es muy diferente del riesgo
asociado con el fumar cigarrillos, el cual
es aproximadamente un 30% a 40% más de
riesgo de desarrollar diabetes.
El jarabe de maíz de alta fructosa se ha
asociado con un mayor riesgo de adiposidad,
aumento de los triglicéridos y disminución
de HDL. Es posible que los efectos adversos
de las bebidas azucaradas en el riesgo de la
diabetes que hemos observado en este
meta-análisis se deban a la combinación de
ingesta excesiva de calorías y a algunos
efectos metabólicos de la fructosa y otros
componentes de los refrescos.
Como conclusión
del meta-análisis, además del aumento de
peso, un mayor consumo de BA se asocia con
el desarrollo del síndrome metabólico y
diabetes tipo 2. Estos datos proporcionan
evidencia empírica de que la ingesta de BA
debe limitarse para reducir los riesgos de
enfermedades metabólicas crónicas
relacionados con la obesidad.
Referencias:
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| Medicina Interna |
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Ambulatorio Medis. |
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Av. José María
Vargas. Centro Comercial Santa Fe. |
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Nivel C3. Consultorio 2. |
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Caracas. Venezuela. |
:
@rigotordoc |
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