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Me contó en la mañana que luego de examinarla, decidió
trasladarla enseguida al hospital general más cercano, en donde pudieran
darle una solución definitiva, el "Hospital Central de Agua Seca" y mientras
escribía la hoja de referencia, mandó a avisar al chofer de guardia para que
dispusiera la ambulancia y prepararan a la paciente para el traslado.
Era una mañana oscura y fría; cuando estuvo lista la
referencia, ya la embarazada se encontraba dentro de la ambulancia y la
enfermera que la acompañaría esperaba impaciente el momento de la partida.
Luego de dar la orden, salieron rápidamente del centro de
salud, sonando la sirena, con las luces de emergencia encendidas y el rumbo
fijado; mi compañera creía que ya todo estaba solucionado.
Pasaban las horas y la ambulancia no regresaba, a pesar
de que el Hospital de Agua Seca se encontraba, aproximadamente, a unos 15
minutos de camino; ya Isabel me había comentado lo sucedido durante mi
descanso y esperábamos ansiosamente su regreso para saber qué había pasado.
Cerca de las nueve de la mañana llegó de regreso la
ambulancia al centro y todo parecía como de costumbre; la enfermera venía al
lado del chofer y no se veía nada fuera de lo normal. Salimos a su encuentro
y lo único que me pareció extraño era lo sonrientes que venían ambos.
"¿Qué pasó con la paciente?", alcancé a preguntarles sin
que se hubiesen bajado aún de la ambulancia; "¡Caracha, Dotol, la veldá es
que no sabemos!", respondió nuestro chofer, un viejito que tiene toda su
vida conduciendo la ambulancia del centro. "¡Nos accidentamos pasando la
vaquera y se la llevaron en otro carro!". "¿Cómo es la cosa?, ¿que se la
llevaron en otro carro?", pregunté. "Resulta Dotol", nos comenzó a contar,
"que me se apagó el motol y me paré de un lao, dejé las luces prendías y me
bajé y abrí la tapa del motol pa've que era lo que pasaba, pero estaba muy
oscuro y no se veía naitica; entoje me puse a hacé señas a ve quien se
paraba, pero toítos seguían de largo".
"Incluso pasó la ambulancia de La Perdía", apuntó la
enfermera, "y no quiso pararse". "En eso", continuó el chofer, "vi que venía
un carro a lo lejos, comenzó a orillarse y se paró", pero no era un "carro"
propiamente, era una carroza fúnebre. "El chofer se ofreció a llevar a la
parturienta y la convencimos para que se montara ya que podía morirse si no
llegaba pronto y no tenía otra elección".
La mujer finalmente aceptó y salieron de nuevo
rápidamente rumbo al Hospital de Agua Seca, tocando la corneta de la
carroza, que decía a ambos lados y con letras góticas blancas: "Funeraria La
Última Voluntad".
El chofer y la enfermera se reían a su llegada al
hospital, porque se imaginaban la cara de los médicos, las enfermeras y
cualquier otra persona que estuviera en la puerta del hospital, cuando
llegara la carroza fúnebre tocando corneta y diciendo su conductor:
"¡Auxilio, esta es una emergencia!"
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