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L
a
oftalmoscopia es una técnica objetiva de suma importancia en la exploración
clínica que permite no sólo el diagnóstico de alteraciones oculares, sino
también incluso el de enfermedades sistémicas que pudieran haber pasado
desapercibidas hasta ese momento ya que puede detectar los estados iniciales
y los efectos fisiológicos tempranos de estas enfermedades, por lo que,
además del diagnostico, este examen nos puede proporcionar información muy
valiosa para el control evolutivo de la enfermedad. La oftalmoscopia directa
no es un examen especializado, por tanto se considera un paso más dentro de
la valoración física inicial de cada paciente.
El fondo de ojo es la única parte del organismo donde se puede observar en
vivo el lecho vascular, de una manera sencilla y con magnificación mediante
la oftalmoscopia, lo que permite sacar ciertas conclusiones en cuanto a cuál
es el estado de los vasos en otros órganos y sistemas.
Entre las múltiples enfermedades que pueden evidenciarse mediante este
examen, tenemos la diabetes, la
hipertensión arterial, enfermedad cerebral,
alteraciones renales, metástasis tumorales, leucemias, etc., por esta razón,
este examen debe llevarlo a cabo todo médico.
El examen del fondo de ojo requiere de entrenarse en la práctica de la
oftalmoscopia directa, para llegar a sacar provecho de todos los beneficios
que este procedimiento puede aportar, por lo que es fundamental el
conocimiento y correcto manejo del oftalmoscopio directo, además de un buen
equipo.
El
oftalmoscopio es un instrumento, con varias lentes y espejos que ilumina el
interior del ojo a través de la pupila y cristalino, permitiendo el examen
de la retina o del fondo de ojo. Existen muchas formas, siendo la más
comúnmente utilizada la del oftalmoscopio manual diseñado para la visión
amplificada (15x) directa, con una fuente de luz proyectada por medio de un
espejo o un prisma al fondo del ojo del paciente, que se refleja en la
retina y que coincide con la línea de visión del observador a través de la
abertura.
El aumento que se obtiene al usar el
oftalmoscopio directo se debe a que el ojo mismo sirve de lente de aumento
simple (por la córnea y el cristalino). Su principal aplicación es la
observación del fondo de ojo, aunque también pueden examinarse el resto de
estructuras oculares, desde los párpados y el segmento anterior del ojo
hasta los medios intraoculares y la retina.
El oftalmoscopio directo consta de un sistema de
iluminación consistente en un foco situado en el propio instrumento,
alimentado por baterías o corriente eléctrica, cuya luz se focaliza por una
lente convexa condensadora y va a un prisma que envía ésta al ojo en
estudio. Y un sistema de observación formado por un orificio o porción
transparente en la parte superior del prisma, ante la cual se superponen
lentes de valor distinto cóncavas o convexas insertadas en un disco que se
puede mover a voluntad haciendo girar el disco para enfocar con precisión
las estructuras del fondo.
El
haz de luz generado en una lamparilla eléctrica se refleja en un espejo
inclinado 45° o en un prisma que hace la misma función y se dirige hacia la
pupila pasando por la mitad inferior de ésta. La luz refleja en el fondo de
ojo, vuelve a salir por la mitad superior de la pupila y pasa rasante sobre
el espejo y la recibe el observador que mira por un orificio situado
inmediatamente por encima del espejo.
El centro del espejo no es plateado, de forma que a través del mismo se
puede ver la retina iluminada.
El realizar una buena oftalmoscopia depende de una técnica exploratoria
adecuada y de práctica constante para poder observar el fondo de ojo,
inclusive en condiciones no ideales de exploración.
Su principio óptico, consiste en la proyección
de la luz procedente del oftalmoscopio en el interior del ojo para que
mediante su reflexión en el fondo el observador pueda obtener una imagen de
las estructuras internas.
Proporciona una imagen directa de las
estructuras retinianas amplificadas unas 15 veces.
Una exploración satisfactoria puede hacerse por lo general a través de una
pupila no dilatada siempre que los medios (córnea, acuoso, cristalino,
vítreo) sean transparentes; sin embargo, con la pupila dilatada puede
explorarse una extensión mayor del segmento posterior periférico. Si no
existe contraindicación médica, se prefiere la valoración del fondo de ojo
con pupilas dilatadas, para lo cual se usa tropicamida al 1% o
ciclopentolato al 1%, así como una habitación semi-oscura con el paciente
sentado.
El máximo poder de resolución de la oftalmoscopia directa es de unas 70 µm,
no siendo posible ver objetos menores de este tamaño, como capilares,
pequeñas hemorragias o microaneurismas (dependiendo del equipamiento del
oftalmoscopio).
En el examen en primer lugar se observan los
vasos retinianos sobre un fondo rojo anaranjado que se pueden enfocar dando
vueltas al disco del oftalmoscopio con el dedo índice ipsilateral. La
exploración debe ser sistemática y en segundo lugar se debe localizar el
disco o papila óptica, esto se logra siguiendo un vaso retiniano hasta
encontrar su origen.
Disco óptico:
es la zona donde se reúnen todos los axones de las células ganglionares,
formando un paquete de fibras que constituyen el nervio óptico. Posee un
tejido conectivo y glial de unión, así como vascularización dependiente de
los vasos coroideos, en su parte profunda, y de los capilares retinianos, en
su superficie. Es la parte visible del nervio óptico, su valoración debe
incluir forma (redonda u ovalada en sentido vertical), color
(rojo-anaranjado), bordes (bien delimitados), excavación fisiológica (zona
pálida en el lado temporal de la papila cuyo tamaño es variable pero no debe
sobrepasar la mitad del diámetro papilar). En realidad no se trata de un
verdadero nervio sino de una prolongación diencefálica del sistema nervioso
central, ya que no presenta vaina de Schwann y se halla rodeado por la
piamadre, aracnoides y duramadre, es decir, las meninges. A partir de la
papila los axones de las células ganglionares forman paquetes que están
recubiertos de mielina, la cual enfunda las fibras del nervio óptico en las
últimas etapas de la embriogénesis, desde el sistema nervioso central al
disco óptico, deteniéndose a nivel de éste.
Las características generales del disco óptico o
papila son:
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Forma. Redondeada con un
diámetro aproximado de 1,5 mm en su eje vertical, siendo algo mayor que
el horizontal. En ocasiones se observa un reborde pigmentado o semilunas
blancas en el borde temporal.
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Límites. Son precisos,
siendo más nítidos en el área temporal que en la nasal, y son más
definidos en el anciano que en el niño, por la regresión senil que sufre
el tejido de sostén fibroglial de la papila. En los polos superior e
inferior podemos observar la entrada de las fibras nerviosas en la
papila, especialmente visibles con luz verde.
-
Coloración. Tiene un
color blanco-rosado con más intensidad en los niños que en adultos. La
presencia de una zona central blanca redondeada representa la excavación
fisiológica, hallándose generalmente desplazada hacia la zona temporal
del disco y nunca ocupa más de la mitad de su diámetro. Es necesario
distinguirla de la excavación glaucomatosa, cuyos bordes tienen una
caída brusca y en su progresión se acercan al borde temporal de la
papila ocupando más de la mitad del diámetro del disco. Las excavaciones
glaucomatosas son generalmente asimétricas en ambos ojos, a diferencia
de la simetría de las fisiológicas.
-
Elevación. Se halla
prácticamente al mismo nivel que la retina circundante.
-
Vasos. Tanto la arteria
central de la retina, como la vena central, emergen del centro de ella,
bien divididas o dividiéndose al aparecer. En un 25 % de las personas,
del borde temporal de la papila surge un vaso dependiente de las
ciliares posteriores que irrigará el área macular, es la arteria
ciliorretiniana cuya presencia es importante, especialmente en los casos
de una obstrucción de la arteria central de la retina, ya que estos
vasos no presentan anastomosis. Básicamente se distinguen dos tipos de
papila, la papila grande y la pequeña, además de las formas intermedias.
La papila grande suele tener muy bien delimitados sus bordes, con una
excavación que puede ocupar hasta el 50 % de su diámetro, pero, que no
alcanza nunca sus bordes, siendo los márgenes de la excavación
significativamente paralelos a los de la papila. Los vasos suelen
emerger en la zona nasal de la excavación.
La papila pequeña es rojiza, de bordes más imprecisos; los vasos
aparecen en la porción central y no suele tener excavación. Es necesario
distinguirla del edema de papila, por la riqueza de tejido que tiene.
Las formas intermedias son la amplia variedad de aspectos existentes
entre la papila grande y la pequeña.
Vasos retinianos: comprenden la arteria y vena
central de la retina. Al emerger en el disco óptico (aunque pueden emerger
divididas), la arteria central de la retina se divide en cuatro ramas y van
a nutrir cada una de ellas un cuadrante retiniano; así, se denominan como
arteria temporal superior, temporal inferior, nasal superior y nasal
inferior. A cada arteria le corresponde una vena que llevará el mismo
nombre, cruzándose en su trayecto numerosas veces. Las arterias son de un
color rojo claro, debido a la observación de la columna sanguínea a través
de sus paredes transparentes, son más estrechas que las venas (relación arterio-venosa
normal 2:3 a 3:5) con una reflejo central de 1/3 de su calibre que
corresponde al brillo de su pared y no
pulsan a diferencia de las venas. Las venas tienen un color rojo más oscuro,
con un trayecto más sinuoso, presentando en ocasiones pulsaciones
espontáneas a nivel papilar sin significado patológico.
Los vasos retinianos al entrecruzarse comparten
una vaina adventicia, por esto las arterias esclerosadas pueden deprimir las
vénulas y producir los llamados cruces arteriovenosos patológicos. Al mismo
tiempo se debe valorar la retina, cuya coloración suele ser roja-anaranjada,
pero es variable en función de la raza del paciente; en general es más
delgada en la periferia nasal y por tanto más pálida en esta zona, no tiene
exudados, hemorragias ni zonas cicatriciales en personas sin patologías.
Por último se valora la mácula, que se encuentra
a dos o tres diámetros de disco hacia el lado temporal, en el plano
horizontal, tiene un color rojo más oscuro en la retina y en su centro tiene
la fóvea (mancha oscura central) que produce un reflejo puntiforme
brillante, más fácil de ver si el paciente mira a la luz, sin embargo suele
ser molesto ya que esta es la zona de visión más precisa, razón por la cual
se deja de último en el examen. La mácula está altamente especializada para
la visión con niveles luminosos altos (visión diurna), y ampliamente
capacitada para distinguir las formas y los colores. Histológicamente, en
ella, sólo se encuentran fotorreceptores conos. En su centro encontramos una
zona deprimida y no vascularizada por los vasos retinianos, que se denomina
fóvea. Alrededor de la mácula comienzan a aparecer los bastones,
fotorreceptores responsables de la visión con poca luz (visión nocturna),
que se hallan en gran proporción en las zonas periféricas de la retina.
La oftalmoscopia se practica como parte de un
examen físico de rutina con el fin de detectar y evaluar los síntomas de las
enfermedades oculares o si se sospecha la existencia de enfermedades
sistémicas, entre las cuales merece destacar la
diabetes y la
hipertensión
arterial. Todas estas situaciones justifican la realización de un examen de
fondo de ojo, con el objeto de encontrar alteraciones ya sea a nivel de
retina, de los vasos sanguíneos, arteriolas y vénulas del fondo de ojo o
bien del disco óptico.
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| Retinopatía
hipertensiva grado II |
Retinopatía
hipertensiva grado IV |
Retinopatía
diabética proliferativa |
También puede ser de gran valor en cefalea, antecedentes de traumatismo
ocular, traumatismo craneoencefálico o presencia de disminución de la
agudeza visual.
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