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La circulación de
la sangre
El aparato circulatorio
está constituido por una bomba, el corazón y un sistema de tubería cerrada por donde
sale la sangre desde el corazón (arterias) y regresa hacia el
mismo (venas), que están unidos por los vasos capilares.
El
corazón es un órgano muscular hueco, situado en el interior del tórax entre ambos
pulmones; está dividido por un tabique en dos partes totalmente independientes, izquierda
y derecha. Ambas partes presentan dos cavidades superiores llamadas aurículas y otras dos
inferiores, los ventrículos.
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La circulación que parte
del lado derecho del corazón asegura la oxigenación de la sangre en los pulmones; se
llama Circulación Pulmonar o Circulación Menor. La sangre desoxigenada que ha llegado de
todo el cuerpo a la aurícula derecha, pasa a su respectivo ventrículo y sale del mismo
por la arteria pulmonar y luego de repartirse hacia ambos pulmones, en ramas cada vez más
pequeñas de dicha arteria, llega a los capilares pulmonares, en contacto directo con los
alvéolos, donde se intercambian los gases.
Una vez oxigenada
la sangre, regresa al corazón hacia la aurícula izquierda, de donde pasa al
ventrículo izquierdo, de donde es bombeada, a través de la Aorta, a todo el
cuerpo por sus ramas, hasta llegar a los vasos capilares, en cada uno de los
diferentes órganos y tejidos, para regresar desoxigenada nuevamente al corazón a
través de las venas; esta es la llamada Circulación Mayor.
Para bombear la sangre, es
preciso que el corazón tenga unos movimientos o latidos, estos son:
 Diástole:
La sangre desoxigenada, proveniente de todo el
cuerpo entra a la aurícula derecha y la sangre oxigenada, que viene de los pulmones,
llega a la aurícula izquierda. A continuación, la sangre pasa a su ventrículo
correspondiente.
Al final de esta fase, los ventrículos
están llenos hasta un 80% de su capacidad.

Sístole auricular:
Ambas aurículas se contraen y bombean la sangre que les queda para que pase
a los ventrículos.
Sístole
ventricular:
Los ventrículos se
contraen y se cierran las válvulas aurículo-ventriculares para evitar que la sangre se
devuelva y se abren las situadas en las salidas de los mismos, con lo que fluye la sangre
hacia la arteria pulmonar y la aorta. Al terminar esta fase, se reinicia el ciclo.
Trabaja indefinidamente, con
un número de latidos normal, entre 60 a 100 por minuto, en el
adulto y un poco más rápido en los bebés (100 a 150).
La frecuencia cardíaca
puede verse afectada por causas tan simples como el realizar una actividad física, el
embarazo, emociones, estrés o por causas más graves como un dolor, hemorragia, entre las
más comunes, con lo que aumenta. Dicho ritmo rápido se denomina taquicardia (>100);
un ritmo lento por debajo de 60 ppm, se denomina bradicardia. Si el ritmo es irregular se
denomina arritmia.
La expulsión de sangre desde el ventrículo hacia la aorta, produce una onda de presión
y expansión que se trasmite por las paredes de las arterias, por donde viaja en todo su
recorrido, siempre que tengan un adecuado flujo de sangre dentro, que puede ser vista en
algunas de ellas y palpada fácilmente en arterias cercanas a la superficie de la piel,
llamada
arterial.
Temas relacionados:
BIBLIOGRAFÍA:
CAÍNO, H. y SÁNCHEZ, R.:
SEMIOLOGÍA Y ORIENTACIÓN DIAGNÓSTICA DE LAS ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES. Editorial
Médica Panamericana. Primera edición. 1.973.
SMITH, T.: ATLAS DEL CUERPO
HUMANO. Editorial Grijalbo. 1.995.
MACÍAS, H.: MANUAL DE PRIMEROS
AUXILIOS. Editorial Planeta. 1.992.
SALVAT: DICCIONARIO
TERMINOLÓGICO DE CIENCIAS MÉDICAS. Undécima Edición. 1.974.
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| Medicina Interna |
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Ambulatorio Medis. |
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Nivel C3. Consultorio 2. |
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