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Posteriormente, en 1991, Ferrannini y colaboradores describieron la misma asociación de anormalidades en este síndrome cardiovascular y metabólico, como una consecuencia de insulino-resistencia y concluyeron que el "Síndrome de insulino-resistencia" era el nombre apropiado para esta condición. Sin embargo fue el grupo de Reaven en 1992, el que confirmó la asociación de estas alteraciones metabólicas con la resistencia a la insulina, inclusive en personas aparentemente sanas y delgadas. Parecía entonces que "Síndrome metabólico, "Síndrome de insulino-resistencia" y "Síndrome X" se referían a la misma asociación de factores de riesgo asociados con aterosclerosis y cardiopatía isquémica coronaria (CI). De hecho, Meigs y colaboradores en 1997, hallaron que entre sujetos no diabéticos del Estudio Framingham, una agrupación de factores de riesgo incluyendo hiperinsulinemia, dislipidemia, hipertensión arterial e intolerancia a la glucosa (antes que hiperinsulinemia sola) caracterizaban el síndrome de resistencia a la insulina subyacente. El SM es muy común y afecta alrededor de un 44% de la población de EE.UU. sobre los 50 años de edad, de acuerdo a los criterios del NCEP. En contraste, la diabetes sin SM es infrecuente (13% de los diabéticos). Los norteamericanos mayores de 50 años de edad sin SM, independientemente de tener diabetes, tienen la más baja prevalencia de CI (8,7% con diabetes; 7,5% con diabetes). Comparado con aquellos con SM, las personas con diabetes sin SM no tienen un incremento en la prevalencia de CI. Aquellos con SM sin diabetes tienen mayor prevalencia de CI (13,9%) y aquellos tanto con SM y diabetes tienen la más alta prevalencia de CI (19,2%) comparados con personas sanas. El SM fue un significante predictor de prevalencia de CI (Razón de probabilidad 2.07; 95% IC 1.66-2,59. Sin embargo, la presión sanguínea, el HDL-colesterol y la diabetes, aunque no la presencia del SM fueron significantes predictores multivariables de prevalencia de CI. La prevalencia de CI se incrementó marcadamente con la presencia del SM. El SM se identifica por la presencia, en un mismo paciente, de varios de los problemas relacionados con un estado de resistencia a la insulina, de origen genético, que probablemente es la principal causa del problema. La fisiopatología de este síndrome permanece como sujeto de continua controversia, aunque como se ha dicho, se sugiere una relación causal con insulino-resistencia y/o adiposidad visceral. Al mismo tiempo, se ha hecho cada vez más aparente que aun pequeños incrementos en los valores de glucosa en ayunas o post-prandial (incluyendo alteración de la tolerancia glucosada o alteración de la glucosa en ayunas) causa un incremento en el riesgo de morbilidad y mortalidad cardiovascular. En el Estudio Prospectivo de Quebec, Lamarche y colaboradores demostró que aun sin hiperglicemia, elevados niveles de insulina, LDL-colesterol pequeñas densas y apolipoproteína B fueron asociadas con riesgo de CI. En 1.999 la OMS publicó los criterios necesarios para poder hacer el diagnóstico del SM que se enumeran en la Tabla 1. Se requiere la presencia al menos uno de los dos principales y uno o mas de los restantes.
Desafortunadamente la prueba del clamp hiperinsulinémico-euglicémico, a pesar de ser la prueba de oro para diagnosticar la resistencia a la insulina, es muy compleja para ser empleada en la práctica clínica. Por otro lado, la asociación entre microalbuminuria y resistencia a la insulina, todavía sigue siendo cuestionada por varios expertos en el tema y su contribución al SM no parece tener la misma importancia. La mayor importancia del SM radica en que las personas que lo padecen tienen un riesgo entre un 10 y un 20% de desarrollar un evento coronario en un lapso de 10 años. De acuerdo a los resultados de Alexander y colaboradores, el exceso de prevalencia de CI atribuible al SM y/o diabetes fue de 37,4% en el grupo con SM sin diabetes y de 50,3% en el grupo tanto con SM como con diabetes. Por ello el Programa de Educación Nacional de Colesterol (NCEP, en inglés), Panel de Tratamiento de Adultos (ATP III) proveyó una definición del SM y lo incluyó como una entidad independiente en su tercera versión en el año 2.001. Los criterios del NCEP son prácticos para el uso clínico, ya que las variables que definen el SM son comúnmente evidenciables en la práctica clínica. El panel NCEP ATP III definió el Síndrome Metabólico como la presencia de 3 ó más de los siguientes determinantes de riesgo:
Para el diagnóstico del SM como condición de riesgo cardiovascular se ha adoptado un algoritmo más pragmático que se resume en la Tabla 2. Tabla 2. Algoritmo para el diagnóstico del síndrome metabólico. Se requiere la suma de tres o más puntos que se basan en la presencia de los siguientes factores:
Una razón posible para el exceso de prevalencia de CI asociada con el SM es el efecto directo de la insulino-resistencia en el corazón y las arterias. Es probable que la incrementada prevalencia sea mediada por factores de riesgo conocidos. Además, todos los 5 criterios del SM son factores de riesgo cardiovascular establecidos. Sabemos que la presencia de múltiples factores de riesgo confiere incremento en el riesgo, sin embargo, es incierto si el SM confiere elevación del riesgo más allá de la suma de sus partes. El análisis multivariable demostrado por Alexander y colaboradores podría sugerir que el riesgo del SM es derivado de sus componentes individuales, especialmente del HDL-colesterol y presión sanguínea. Sin embargo, al modelar el SM como el único predictor de CI produce más de el doble de incremento del riesgo, comparado con su ausencia y es una vía conveniente de encapsular un número de probados factores de riesgo. Se ha argumentado que el exceso de prevalencia de CI visto en
aquellos con diabetes es directamente asociado con la hiperglicemia. En el
estudio de Alexander y colaboradores, por el contrario se ha demostrado que el
SM es mucho más importante, sin incremento en la prevalencia de CI vista en
diabéticos en ausencia de SM. Aunque uno de los componentes del SM es la
hiperglicemia en ayunas y muchos de los sujetos en dicho estudio, con SM sin
diabetes podían haber tenido hiperglicemia en el rango no diabético, un modesto
incremento en la glucosa sola es improbable que cuente para el aumento del
riesgo de CI, ya que 1) la mayoría de personas diabéticas tenían diabetes tipo 2
y SM y 2) la mayoría de los individuos con alteración de la glucosa en ayunas
también tenían SM, similar a estudios previos, en los que se mostró un
incremento en la prevalencia de CI en aquellos con diabetes y alteración de la
glicemia en ayunas. Como la lipoproteinlipasa, (LPL) la enzima que destruye las lipoproteínas, no actúa adecuadamente cuando hay resistencia a la insulina, la entrega de TG se deriva hacia las lipoproteínas de alta densidad (HDL), que a su vez los intercambian por colesterol. El resultado es que las lipoproteínas intermedias (IDL) se enriquecen con colesterol y se terminan transformando en lipoproteínas de baja densidad (LDL) pequeñas y densas, mientras que las HDL ricas en TG se degradan más rápido en el hígado, razón por la cual cuando aumentan los TG, generalmente bajan las HDL. Las LDL pequeñas y densas son mas aterogénicas
que las normales (tienen menos afinidad por su receptor natural y son
mas susceptibles a la oxidación). Algunos investigadores han
cuestionado el papel de la resistencia hepática a la insulina y de
la LPL como causantes del exceso de VLDL pequeñas y proponen como
mecanismo alterno un aumento de la producción hepática de ApoB100
originado en el incremento de los ácidos grasos de cadena larga
provenientes de la grasa intra-abdominal que sería la principal
responsable de la resistencia a la insulina. Cuando la demanda de insulina aumenta por el empeoramiento de la resistencia a la insulina y las células beta fallan en incrementar su producción, sobreviene la diabetes. Recientemente se ha demostrado que la producción
endógena de glucosa, probablemente secundaria a la resistencia
hepática a la insulina, también juega un papel importante en las
fases iniciales. Cuando una persona ya tiene alteraciones de la
glucemia, probablemente estamos diagnosticando el SM en una fase
tardía. Su diagnóstico temprano es una indicación para un manejo
preventivo mediante cambios terapéuticos en el estilo de vida, con
reducción del peso.
Última actualización: junio 29, 2008 |
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