Un
absceso por lo general se desarrolla sólo
cuando las defensas peritoneales del huésped
pueden delimitar la peritonitis. Los
abscesos en vísceras sólidas (como el
hígado) suelen originarse por diseminación
hematógena (sanguínea) o linfática de la
infección hasta estos órganos a partir de un
foco séptico en otra parte del organismo.
Es típico que los abscesos retroperitoneales (El retroperitoneo es la región anatómica abdominopélvica, localizada por detrás del peritoneo, que contiene, entre otros órganos, los grandes vasos abdominales, los riñones y las glándulas suprarrenales) se formen a consecuencia de una infección primaria o inflamación de una de las vísceras retroperitoneales, que se acompaña de una contaminación bacteriana secundaria.
La resolución de una peritonitis con formación de un absceso pélvico refleja la anatomía de la cavidad peritoneal. La pelvis forma una cavidad profunda y baja hacia la cual el material infectado se dirige por gravedad. En un estudio clínico realizado en pacientes sometidos a cirugía abdominal, se observó que los medios de contraste radiográficos administrados en el sitio operatorio se diseminan ampliamente a las pocas horas después de la intervención quirúrgica y el material al final se acumuló principalmente en la pelvis.
Los
abscesos pélvicos suelen ser consecutivos a
un divertículo colónico (presencia de
pequeñas bolsas que se proyectan hacia fuera
de la pared intestinal. En el mundo
occidental 85 % de los divertículos se
localizan en el colon sigmoides, o parte
final del intestino grueso antes del recto)
perforado, enfermedad inflamatoria pélvica,
apéndice perforado o drenaje hacia la pelvis
durante la resolución de la peritonitis
generalizada.
Los síntomas de un absceso intraabdominal suelen ser irregulares, sobre todo en las primeras etapas clínicas. En casi todos los pacientes se observa fiebre recurrente o persistente, que al principio típicamente es intermitente o en espigas y que luego se vuelve más persistente a medida que madura el absceso. Los pacientes que reciben antibioticoterapia pueden no desarrollar mucha fiebre. También puede presentarse íleo paralítico, distensión abdominal, anorexia y en ocasiones vómitos. La antibioticoterapia continua sólo da lugar a un proceso que existe enforma latente durante muchas semanas y dificulta el diagnóstico.
En el examen abdominal del absceso pelviano hay pocos síntomas o signos físicos, a menos que el absceso afecte a la pared anterior del abdomen. El paciente se queja de dolor mal localizado y vago en los cuadrantes abdominales inferiores. La irritación de las vías urinarias y del recto produce sensación de urgencia para orinar y polaquiuria (aumento del número de micciones durante el día, que suelen ser de escasa cantidad) o diarrea y tenesmo (sensación de tener la necesidad de defecar, que a veces al intentar la defecación no se consigue y que no desaparece la sensación después de hacerlo), respectivamente.
Los abscesos intraabdominales generalmente son polimicrobianos. Los microorganismos anaerobios (Son bacterias que no viven ni proliferan en presencia de oxígeno, en los humanos, este tipo de bacterias se encuentra con más frecuencia en el tracto gastrointestinal y juegan un papel en afecciones como la apendicitis, la diverticulitis y la perforación del intestino) suelen ser la flora predominante y las especies que se encuentran con mayor frecuencia son Bacteroides y Peptostreptococcus. El predominio de anaerobios en los abscesos intraabdominales guarda relación en parte con las condiciones metabólicas existentes en una cavidad purulenta, pero también refleja el hecho de que los organismos aerobios antes presentes en una infección peritoneal más generalizada se han reducido en número o erradicado como resultado de interacciones de antibióticos y mecanismos de defensa del huésped.
Las acumulaciones de pus localizadas en la pelvis son los abscesos intraabdominales más fáciles de diagnosticar. Por lo general pueden palparse de manera directa mediante el tacto rectal o vaginal. El absceso pélvico típico sobresale como una masa dolorosa hacia la pared rectal anterior. Es importante distinguir entre una masa inflamatoria que afecta a los órganos pélvicos y un verdadero absceso pélvico.
Las técnicas radiográficas y de imágen siguen siendo importantes en el diagnóstico de los abscesos intraabdominales. Las más modernas también han llegado a jugar un papel importante en el tratamiento y drenaje de los mismos. La radiografía abdominal simple proporciona información valiosa; con ella se puede observar gas anormal fuera de la luz intestinal o niveles hidroaéreos. Los estudios con medios de contraste siguen siendo útiles para demostrar perforación, fuga, obstrucción o desplazamiento de un órgano.
La
TAC (tomografía axial computadorizada) es el
estudio radiológico más útil para el
diagnóstico de un absceso intraabdominal en
lo que se refiere a especificidad,
sensibilidad y exactitud. Combinada con la
ultrasonografía, permite diagnosticar con
precisión más del 90% de los casos. Los
problemas que se han informado están
relacionadas con la dificultad para
distinguir tumores, hematomas, quistes y
seromas, los cuales semejan abscesos, aunque
con la diferenciación de intensidades y
contrastes por medios electrónicos y con la
utilización de la resonancia magnética
quedan casi perfectamente diferenciados.
La ultrasonografía es una modalidad diagnóstica muy útil, aunque es afectada de manera desfavorable por factores como la obesidad, la presencia de gas intestinal excesivo y la presencia de drenes o vendajes sobre la pared abdominal. Es el estudio apropiado para identificar un absceso pélvico cuando se trata de una enfermedad inflamatoria pelviana.
El tratamiento del absceso intraabdominal, mediante antibioticoterapia sin drenaje, por lo general no da resultado, aunque pudiera tener éxito en las etapas tempranas, cuando sólo existe inflamación flemonosa localizada y antes de la aparición del pus. Sin embargo, en las etapas ulteriores de la evolución de un absceso, la mayor parte de los antibióticos son INEFICACES, debido a que NO PENETRAN bien el absceso, son destruidos por las enzimas bacterianas en el mismo.
Una vez que se forma una acumulación circunscrita de pus, debe ser drenada. Si no se hace, aumenta bastante el riesgo de complicaciones por rotura retardada del mismo. La rotura secundaria del absceso puede dar lugar a peritonitis generalizada recurrente, perforación hacia una víscera hueca o sólida adyacente con formación de fístulas y con agravamiento de la condición clínica del paciente. Después de que se forma un absceso, si no se drena, se prolonga la evolución de la enfermedad y puede aumentar el riesgo de muerte.
Las técnicas de drenaje de los abscesos intraabdominales y pelvianos están más allá de los alcances de este artículo y competen a la técnica quirúrgica.
(§) El peritoneo
es la membrana que envuelve la mayor parte
de los órganos del abdomen. El peritoneo se
estructura en dos capas: la capa exterior,
llamada peritoneo parietal, está adherida a
la pared abdominal y la capa interior,
peritoneo visceral, envuelve los órganos
situados dentro de la cavidad abdominal. El
espacio entre ambas capas se denomina
cavidad peritoneal; contiene una pequeña
cantidad de fluido lubricante (alrededor de
50 ml) que permite a ambas capas deslizarse
entre sí.
La mayor parte de los órganos abdominales
están adheridos a la pared abdominal por el
mesenterio, una parte del peritoneo a través
de la cual los órganos son alimentados por
los vasos sanguíneos, linfáticos y nervios.
