Entre
los 2 tipos de obesidad más frecuentes, central y periférica, la primera
es la más importante debido a los comorbilidades que conllevan. Esta es
la que se presenta en la Insulinorresistencia, que lleva al desarrollo
del síndrome metabólico, a la
aparición o empeoramiento de la
hipertensión arterial, a eventos
cardiovasculares y cerebrovasculares y con mucha
frecuencia a Diabetes Mellitus del tipo 2, que ya no es sólo una
enfermedad de la adultez sino de niños, adolescentes y adulto joven.
¿Qué es la Obesidad?
La obesidad es el incremento de la grasa corporal no de tejido muscular, el
método más sencillo de determinar el índice de masa corporal es medir peso kg /
talla (m) al cuadrado. Cuando el índice de masa corporal (IMC)
excede los 30 kg / m2, ya se habla de obesidad.
Los factores desencadenantes son el estrés, los malos hábitos
alimentarios asociados al sedentarismo, la insulinorresistencia, debido a que el
aumento compensatorio de la secreción de insulina, incrementa el apetito
primordialmente a expensas de azúcares, esto aumenta el peso corporal a expensas
del tejido adiposo, lo cual conlleva un mayor aumento de la secreción de
insulina y se convierte en un círculo vicioso que si no se controla pueden
llevar a obesidad y a Diabetes Mellitus tipo 2
(DM2).
La obesidad se basa en exceso de tejido adiposo; por ejemplo
una persona que mida 1,75 m y pese 100 kg, pero a expensas de tejido muscular,
ésta, no es obesa, es atlética; para ello existen métodos bioimpedancia que mide
el tejido magro, el graso y el contenido de grasa corporal. La dieta es un
régimen alimentario Hiper- Normo o hipocalórico. Dieta es lo que comemos a
diario también se prescribe, si la persona es extremadamente delgada, debe ser
hipercalórica (alta en calorías), normocalórica si la persona está en su peso e
hipocalórica cuando se tiene exceso de peso, pero la persona tiene que comer
moderadamente y realizar actividad física como mínimo media hora diaria, aun
cuando podría ser más.
La dieta del paciente obeso se gradúa de acuerdo al grado de
obesidad, pero en todo caso debe ser balanceada, distribuida en comidas y
meriendas ya que mientras más comidas se realicen el metabolismo responde mejor
con la perdida de peso, por el contrario realizar una sola y nocturna estimula
la secreción de Insulina igual a una persona insulinorresistente (con herencia
familiar de DM2) y aumenta más de peso, transformándose en corto
plazo en una persona obesa.
Las dietas excesivamente restrictivas no son la panacea ya
que el metabolismo se defiende bajando la termogénesis del cuerpo, transformando
la forma activa de las hormonas tiroideas en su forma inactiva, la persona se
siente débil y cansada y deja de perder peso en un mes y luego rebota llegando a
superar su peso previo.
Otras dietas que producen rebote son las hiperproteicas e
hipergrasas. Aunque están muy de moda, al principio se depletan los depósitos de
glucógeno hepático y muscular y se pierde mucha agua y fibra muscular, la
persona rebaja de peso pero, igualmente lo recupera rápidamente y si esta dieta
se prolonga en el tiempo, es muy difícil que retome con buen ritmo de descenso
de peso; aparte de eso, se disparan el colesterol y los triglicéridos, aun
en personas jóvenes. Es importante que se debe ingerir como mínimo de 50 a
100 gramos de azucares por gramo de proteína, de lo contrario aunque luzca
paradójico, si se ingiere grandes cantidades de proteínas sin carbohidratos se
pierde proteínas (músculo).
En fin, una buena dieta debe ser moderada, balanceada,
dividida la ingesta en 5 o 6 raciones y siempre debe acompañarse de actividad
física.
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