Un
pequeño estudio publicado el 16 de enero en
la revista American Journal of Cardiology
sugiere que puede ser bueno para disminuir
la presión arterial de los adultos mayores.
A fin de determinar si el ejercicio regular de la natación podría disminuir la presión arterial (BP) y mejorar la función vascular, 43 hombres y mujeres mayores de 50 años de edad, con edad promedio de 60 ± 2 años, con prehipertensión o hipertensión en estadio I y sin otro tipo de medicación fueron asignados al azar a 12 semanas de ejercicio de la natación o aprender ejercicios de relajación.
Antes del período de intervención no se observaron diferencias significativas en ninguna de las variables entre los grupos. La masa corporal, la obesidad y las concentraciones plasmáticas de glucosa y el colesterol no se modificaron en ninguno de los grupos durante todo el período de intervención.
Los investigadores encontraron que quienes empezaron a nadar 3 – 4 veces a la semana redujeron significativamente su presión arterial sistólica - en promedio, de 131 mmHg al inicio del estudio a 122 mm Hg tres meses después. Disminuciones significativas en la PA sistólica se observaron también en mediciones ambulatorias (de día) y centrales (carótida) de la PA.
La natación es a menudo promovida como una excelente manera de hacer ejercicio para las personas mayores y muchos siguen ese consejo: después de caminar, la natación es la segunda forma más popular de hacer ejercicio, entre este grupo.
Sin embargo, ha habido poca investigación sobre los beneficios de nadar – aunque una serie de estudios han sugerido que es segura para los adultos mayores.
Esta investigación parece ser la primera en demostrar que la natación puede mejorar la función vascular de los adultos mayores y reducir su presión arterial.
La natación es una forma muy atractiva de ejercicio, es accesible y de bajo costo y debido a que no involucra soporte del peso corporal, debido a la flotabilidad del agua, es amigable con las articulaciones de la rodilla y el tobillo.
Los investigadores asignaron aleatoriamente a los sujetos a tener sesiones supervisadas de natación o aprender ejercicios de relajación. Luego de 12 semanas, los nadadores practicaron en la piscina tres o cuatro veces a la semana, progresivamente incrementaron su ejercicio hasta practicar 45 minutos de natación por vez.
Al final del estudio, los nadadores disminuyeron un promedio de nueve puntos en su presión arterial sistólica. Por el contrario, ese número no se modificó en el grupo de relajación.
Los resultados fueron similares cuando los investigadores hicieron que los participantes del estudio utilizaran monitores portátiles de presión arterial. En promedio, el grupo de natación tuvo una presión sistólica arterial durante 24 horas de 119 mm Hg - por debajo de 128 mm Hg al inicio del estudio.
Los investigadores también utilizaron la ecografía para evaluar la dilatación vascular en respuesta al flujo sanguíneo. Nuevamente se encontraron mejoras en el grupo de natación, pero no en el grupo de relajación.
La natación produjo un incremento del 21% en la distensibilidad de la arteria carótida (p <0,05). La dilatación mediada por flujo y la sensibilidad barorrefleja cardiovagal mejoró después del programa de entrenamiento de natación (p <0,05). No hubo cambios significativos en ninguna medida en el grupo de control que realizó ejercicios suaves de relajación. En conclusión, el ejercicio de natación provoca efectos hipotensores y mejoras en la función vascular en los adultos mayores previamente sedentarios.
El estudio fue pequeño y de corta duración y no está claro si la reducción de la presión arterial dura - o si se traduce en un menor riesgo de ataque cardíaco o evento cerebro vascular en el futuro. Sin embargo, los resultados confirman lo que los expertos ya recomiendan para la salud cardiovascular de los adultos mayores: realizar ejercicio moderado regularmente, junto con una dieta saludable.
- Nualnim, N., Parkhurst, K et al. Effects of Swimming Training on Blood Pressure and Vascular Function in Adults >50 Years of Age. American Journal of Cardiology 2012; 16 January 2012. In Press.
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