Aproximadamente,
unos 53 millones de norteamericanos padecen
de colesterol alto y sólo una pequeña
porción de los que ostentan los mayores
niveles de éste, tienen tratamiento médico;
muchos de ellos no saben que padecen el
problema y peor aún, muchos médicos no se
atienen a las pautas establecidas de
tratamiento.
El colesterol es una sustancia fundamental para nuestro cuerpo; es una de las grasas que constituyen las membranas de cada una de nuestras células y entre otras cosas, es núcleo central de algunas hormonas, necesarias para el control de muchas funciones vitales.
Del colesterol que circula en nuestra sangre, una parte proviene de nuestra dieta: grasas de origen animal, las yemas de huevo y los productos lácteos no descremados, entre los más importantes, mientras que otra parte es producida normalmente en el hígado.
Los triglicéridos, por su parte, son el tipo más común de grasas o lípidos transportados en nuestra sangre, depositados en nuestras células o presentes en los alimentos. La unión de tres ácidos grasos mediante una esterificación produce el triglicérido. Una vez unidos se almacenan en el tejido adiposo (grasa) del cuerpo, para su posterior utilización, siendo un almacén de grasas rápidamente utilizables.
Los triglicéridos presentes en plasma derivan de dos fuentes diferentes: de los alimentos grasos ingeridos, o de la síntesis en nuestro hígado a partir de otros nutrientes. El hígado transforma el exceso de calorías, grasas o hidratos de carbono consumidos en triglicéridos.
El 90% de las grasas contenidas en los alimentos y de las grasas depositadas en nuestro cuerpo se encuentran en forma de triglicéridos. Las calorías que consumimos y no son utilizadas por nuestro organismo se depositan en en forma de triglicéridos.
Tanto el colesterol como los triglicéridos son transportados en la sangre por proteínas especializadas llamadas lipoproteínas, que se catalogan de acuerdo a su densidad: Lipoproteína de baja densidad (LDL o colesterol malo), lipoproteína de muy baja densidad (VLDL) y lipoproteína de alta densidad (HDL o colesterol bueno).
Si hay demasiada LDL, el
colesterol se acumula lentamente en el
interior de las paredes de todas las
arterias de nuestro cuerpo, formando placas
duras que inicialmente las estrechan y luego
obstruyen, con el consiguiente bloqueo del
flujo de sangre en el sitio afectado. Si
esto se produce en las arterias coronarias,
se produce un infarto cardíaco, si es en una
arteria cerebral, tendremos una apoplejía o
ACV.
Simultáneamente, la HDL es un factor protector de nuestras arterias, ya que lleva de regreso el colesterol al hígado, donde es metabolizado.
Los riesgos que condiciona el colesterol y/o los triglicéridos altos ya no son una teoría. No hay duda que un nivel elevado de ambos o cualquiera de ellos por separado en la sangre causa mayor morbilidad y mortalidad y que su tratamiento y control salva un gran número de vidas.
Ya desde el año 2001 con la ATP III, (por sus siglas en inglés) se estableció como deseable una cifra de colesterol total < 200 mg/dl. Con respecto al LDL colesterol (malo), se estableció en 100 mg/dl la cifra óptima y en lo referente a la cifra del HDL colesterol (bueno), la cifra mínima normal fue elevada hasta 40 mg/dl en los hombres y 50 mg/dl en las mujeres. El nivel de HDL-colesterol es un fuerte predictor inverso de eventos cardiovasculares y se ha estimado que la tasa de eventos cardiovasculares se reduce en al menos 3% por cada 1mg/dl de incremento del HDL-C.
Dichos criterios fueron revisados para el año 2004 según la siguiente tabla:
|
Criterios según la revisión del 2004 |
||||||||||||||||||||||
|
La categoría de mayor riesgo incluye a la C.I. y a las C.I. riesgo equivalentes. Esto significa un riesgo para presentar eventos coronarios mayores de >20% por 10 años (>20 personas de 100 desarrollarán C.I. en los próximos 10 años).
Las condiciones riesgo equivalentes a C.I. comprenden: Diabetes mellitus, otras formas clínicas de enfermedad ateroesclerótica, especificadas anteriormente, así como la presencia de múltiples de los factores de riesgo mayores para C.I.
Para todas ellas, la meta a obtener con respecto al nivel de LDL es de < 100 mg/dl. Puede permitirse un nivel mayor, aunque siempre <130 mg/dl, en personas con menos factores de riesgo, (aunque actualmente hay trabajos que recomiendan la disminución de LDL hasta niveles de 70 e incluso 50 mg%)
Más recientemente, en la presentación de los detalles de las directrices de la del Congreso de la Sociedad Europea de Aterosclerosis 2011, se hizo hincapié en que el colesterol LDL sigue siendo el objetivo principal en el manejo de pacientes con dislipidemia. Para los pacientes con muy alto riesgo de enfermedad cardiovascular, el Comité de la SEC / SEA establece que los niveles de LDL-colesterol (malo) deben reducirse a menos de 70 mg / dL, un objetivo que no es opcional. Si una cifra menor a 70 mg / dL no puede ser alcanzada, los médicos deberían aspirar a una reducción ≥ del 50% en el LDL-colesterol.
Para los pacientes de alto
riesgo,
la meta de LDL-colesterol es menos de 100
mg / dL. Entre los pacientes con
riesgo moderado de enfermedad
cardiovascular, la nueva meta de tratamiento
es inferior a 115 mg / dL.
Para
pacientes de riesgo moderado, la evidencia
no es tan fuerte y se basa en la opinión de
consenso o de un pequeño número de estudios,
análisis retrospectivos y registros.
El problema con el tratamiento de las dislipidemias en general es, que la mayor parte de las veces son completamente ASINTOMÁTICAS, hasta el momento en que se desencadena la obstrucción arterial.
Es muy frecuente que se indique tratamiento para controlar los lípidos sanguíneos y los pacientes los abandonen al poco tiempo, permaneciendo muchas veces largo tiempo con elevación de sus niveles sanguíneos, exponiéndose a un mayor riesgo cardiovascular aterosclerótico. Aquellos pacientes que han sufrido un evento isquémico, en especial los infartados, conocen el riesgo de tener el colesterol y/o los triglicéridos altos y por lo general están pendientes de cumplir su tratamiento.
Por lo tanto, particularmente en aquellos pacientes que todavía no han sido afectados por un evento isquémico, se requiere un alto nivel de conciencia para chequear rutinariamente los niveles de colesterol, triglicéridos y subfracciones sanguíneas y cumplir las pautas terapéuticas indicadas por el médico.
