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Tienes
problemas con tu colesterol y/o con tus triglicéridos?
Nuevas directrices para la detección,
evaluación y tratamiento del alto colesterol sanguíneo en adultos, están
vigentes desde el 16 de mayo del 2001 y revisadas en el 2004
en el Tercer Reporte del Panel de Expertos en la Detección, Evaluación y
Tratamiento de la Hipercolesterolemia en Adultos (Adult Treatment Panel III),
del Instituto Nacional de Salud Estadounidense.
Los riesgos
que condiciona el colesterol ya no son una teoría. No hay duda que un nivel anormal de
colesterol sanguíneo causa mayor morbilidad y mortalidad y que su
tratamiento salva un gran número de vidas. |
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Un cuidadoso manejo de los desórdenes
lipídicos sanguíneos en adultos en riesgo de cardiopatía isquémica
(enfermedad cardíaca causada por obstrucción del riego sanguíneo del
corazón, cuyo representante más temido es el infarto) es un componente
esencial de un adecuado tratamiento cardiovascular y no se exagera
cuando se dice que es tan importante como los procedimientos de
revascularización cardíaca (aquellos que buscan devolver el riego
sanguíneo perdido de una determinada área del corazón).
En los últimos años hemos visto un gran progreso
en la identificación de nuevos factores de riesgo, así como en la determinación del
papel de los tradicionales factores de riesgo asociados con la cardiopatía isquémica (C.I.),
con sustanciales avances en las investigaciones relacionadas con el rol de las
lipoproteínas (proteínas que transportan el colesterol y los triglicéridos en la
sangre) y el metabolismo lipídico.
Múltiples estudios clínicos han demostrado
convincentemente los beneficios de la disminución del colesterol sanguíneo para la
reducción de la muerte, así como del infarto miocárdico entre pacientes con C.I.,
de la misma forma que para la disminución de la incidencia de eventos cardíacos en
pacientes sin C.I. previa.
Aproximadamente, unos 53 millones de norteamericanos
padecen de colesterol alto y sólo una pequeña porción de los que ostentan los mayores
niveles de éste, tienen tratamiento médico; muchos de ellos no saben que padecen el
problema y peor aún, muchos médicos no se atienen a las pautas establecidas de
tratamiento.
El colesterol es una sustancia fundamental para
nuestro cuerpo; es una de las grasas que constituyen las membranas de cada una de nuestras
células y entre otras cosas, es núcleo central de algunas hormonas, necesarias para el
control de muchas funciones vitales.
Del colesterol que circula en nuestra sangre, una
parte proviene de nuestra dieta: grasas de origen animal, las yemas de huevo y los
productos lácteos no descremados, entre los más importantes, mientras que otra parte es
producida normalmente en el hígado.
Es transportado en la sangre por proteínas
especializadas llamadas lipoproteínas, que se catalogan de acuerdo a su densidad:
Lipoproteína de baja densidad (LDL o colesterol malo), lipoproteína de
muy baja densidad (VLDL) y lipoproteína de alta densidad (HDL
o colesterol bueno).
Si hay demasiada LDL, el colesterol se acumula
lentamente en el interior de las paredes de todas las arterias de nuestro cuerpo, formando
placas duras que inicialmente las estrechan y luego obstruyen, con el consiguiente bloqueo
del flujo de sangre en el sitio afectado. Si esto se produce en las arterias coronarias,
se produce un infarto cardíaco, si es en una arteria cerebral, tendremos una apoplejía.
Simultáneamente, la HDL es un factor protector de
nuestras arterias, ya que lleva de regreso el colesterol al hígado, donde es
metabolizado.
Quizás la pregunta más importante es:
"¿Cuál es la probabilidad actual de cada paciente para el desarrollo de la
enfermedad?". Una síntesis precisa así como una aplicación correcta de toda esta
creciente evidencia en la práctica clínica, es esencial para la reducción de la
mortalidad y morbilidad
asociada con dicha enfermedad.
Los riesgos que condiciona el colesterol ya
no son una teoría. No hay duda que un nivel anormal de colesterol sanguíneo
causa mayor morbilidad y mortalidad y que su tratamiento salva un gran número de vidas.
Según las estimaciones del Instituto Nacional del
Corazón, los Pulmones y la Sangre de los Estados Unidos, reducir el nivel de
lipoproteínas de baja densidad, o LDL, el colesterol malo, puede reducir el riesgo a
corto plazo de enfermedades cardíacas hasta en un 40 por ciento.
Un cuidadoso manejo de los desórdenes lipídicos
sanguíneos en adultos en riesgo de C.I. es un componente esencial de un
adecuado tratamiento cardiovascular y no se exagera cuando se dice que es tan importante
como los procedimientos de revascularización cardíaca (aquellos que buscan devolver el
riego sanguíneo perdido de una determinada área del corazón).
De esta forma, el Resumen del Tercer Reporte del
Programa de Educación Nacional del Colesterol, del Grupo de Expertos (Adult Treatment
Panel III [ATP III]) en la detección, evaluación y tratamiento del alto
colesterol sanguíneo en adultos, publicado el 16 de mayo del 2001 en la
Revista de la Asociación Médica de los Estados Unidos, es invaluable.
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En dicho documento se establece que el primer paso
en el manejo de los riesgos es la evaluación del estatus de riesgo de la persona o
paciente, por lo que en todos los adultos de 20 años ó más, debe
realizarse, por lo menos una vez cada cinco (05) años, un perfil lipoprotéico en
ayunas (colesterol total, LDL colesterol, HDL colesterol y triglicéridos)
Las nuevas pautas recomendadas dejan como deseable
una cifra de colesterol total < 200 mg/dl y catalogan
como elevadas todas aquellas que igualen o sobrepasen los 240 mg/dl. Con respecto al LDL
colesterol (malo), se estableció en 100 mg/dl la cifra óptima
y todas aquellas que sobrepasen los 160 mg/l son consideradas altas. En lo referente a la
cifra del HDL colesterol (bueno), la cifra mínima normal fue elevada
hasta 40 mg/dl y cuando sobrepasa los 60 mg/dl es considerado un factor
de riesgo "negativo", es decir que su presencia resta un factor de riesgo al
total.
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TABLA
1 |
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Nuevos criterios según la
revisión del 2004 |
ATP
III: Nuevas metas para los niveles de LDL-C y puntos de corte para
Cambios Terapéuticos del Estilo de Vida (CTEV) y farmacoterapia, en
las diferentes categorías de riesgos, basadas en evidencia clínica
reciente:
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Meta de LDL-C
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Iniciar CTEV
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Considerar
tratamiento farmacológico**
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Alto Riesgo: |
CI* or CI Riesgo equivalente |
| (Riesgo a 10 años >20%) |
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<100 mg/dL (Meta
opcional: <70 mg/dL)|| |
100
mg/dL# |
100
mg/dL 
(<100 mg/dL: considerar uso de fármacos)** |
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Riesgo Moderadamente Alto: |
2+ factores de riesgo
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| (Riesgo a 10 años: 10% a 20%) |
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<130 mg/dL¶ |
130
mg/dL# |
130
mg/dL (100–129 mg/dL; considerar uso de fármacos)  |
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Riesgo Moderado: |
2+ factores de riesgo |
| (Riesgo a 10 años: <10%) |
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<130 mg/dL |
130
mg/dL |
160
mg/dL |
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Bajo Riesgo:
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0–1 factor de riesgo |
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<160 mg/dL |
160
mg/dL |
190
mg/dL (160–189 mg/dL: Opcional uso de fármacos) |
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*CI incluye historia de infarto
miocárdico, angina estable o inestable, procedimientos
arteriales coronarios (angioplastia o cirugía de bypass) o
evidencia de isquemia clínicamente significante. |
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CI
Riesgo equivalente incluye manifestaciones clínicas de
formas no coronarias de enfermedad aterosclerótica
(enfermedad arterial periférica, aneurisma aórtico abdominal
y enfermedad arterial carotídea), diabetes y 2+ factores de
riesgo con Riesgo a 10 años de CI >20%. |
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Entre
los Factores de Riesgo se incluyen: fumar cigarrillos,
hipertensión (BP
140/90
mm Hg o tener tratamiento antihipertensivo), HDL colesterol
bajo (<40 mg/dL), historia familiar de CI prematura (CI en
familiares masculinos de primer grado <55a; CI en familiares
femeninos de primer grado <65a) y edad (hombres
45a;
mujeres
55a). |
Casi
todas las personas con 0-1 factor de riesgo tienen Riesgo a
10 años: <10%. |
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|| El Riesgo muy alto favorece la
meta opcional de LDL-C <70 mg/dL y en pacientes con
triglicéridos altos, un colesterol No-HDL-C <100 mg/dL. |
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¶Opcional meta de LDL-C <100 mg/dL. |
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#Cualquier persona con alto o
moderadamente alto riesgo que tengo factores de riesgo
relacionados al estilo de vida (obesidad, sedentarismo,
triglicéridos elevados, bajo HDL-C o síndrome metabólico) es
candidato para cambios terapéuticos del estilo de vida, para
modificar dichos factores de riesgo, independientemente del
nivel de LDL-C. |
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**Cuando se emplee medicación para
bajar LDL, debe ser suficiente para alcanzar una reducción
de al menos 30% a 40% en los niveles de LDL-C. |
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Los determinantes de riesgo adicionales al
LDL colesterol comprenden: la presencia o ausencia de C.I.,
otras formas clínicas de enfermedad ateroesclerótica tales como la enfermedad arterial
periférica, los aneurismas aórticos y la enfermedad arterial carotídea sintomática,
así como múltiples factores (factores de riesgo mayores) que confieren
un riesgo para C.I. a los 10 años mayor al 20%, entre los que destacan:
el hábito tabáquico, la hipertensión arterial con cifras >= 140/90 mmHg. o el uso de
medicación antihipertensiva, la HDL disminuida, una historia familiar de cardiopatía
isquémica prematura e incluso la edad (TABLA
2).
Estos mismos factores determinantes del riesgo,
adicionales al nivel de LDL colesterol, a su vez sirven para fijar las metas para su
tratamiento.
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TABLA
2 |
Basado en esos otros determinantes de riesgo, ATPIII
identifica 3 categorías que modifican las metas y modalidades para el tratamiento de los
niveles de LDL colesterol:
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TABLA
3 |
La categoría de mayor riesgo incluye a la C.I.
y a las C.I. riesgo equivalentes. Esto significa un riesgo para presentar
eventos coronarios mayores de >20% por 10 años (>20 personas de 100 desarrollarán C.I.
en los próximos 10 años).
Las condiciones riesgo equivalentes
a C.I. comprenden:
Diabetes mellitus, otras formas
clínicas de enfermedad ateroesclerótica, especificadas anteriormente, así como la
presencia de múltiples de los factores de riesgo mayores para C.I.
Para todas ellas, la meta a obtener con
respecto al nivel de LDL es de < 100 mg/dl. Puede permitirse un nivel
mayor, aunque siempre <160 mg/dl, en personas con menos factores de riesgo,
tal como se muestra en la tabla 3.
El reporte del ATPIII, como podemos constatar,
también incluye factores previamente no tomados en cuenta como la
diabetes, que es ahora
considerada equivalente en riesgo a C.I. y no un simple factor
contributorio, así como también incorpora los niveles de triglicéridos en las
estrategias de tratamiento cuando su nivel sanguíneo sobrepasa los 200 mg%.
Para calcular el riesgo absoluto para desarrollar C.I.
nueva, el reporte del ATPIII presenta una modificación de la Escala de Predicción de
Riesgos de Framingham y toma en consideración importantes interacciones de edad con
hábito tabáquico, edad con colesterol sanguíneo total y tensión arterial sistólica
con tratamiento, así como también incluye anormalidades en los lípidos sanguíneos que
van más allá del LDL o "colesterol malo", entre las que destacan el
Síndrome
Metabólico, caracterizado por la presencia de hipertensión, obesidad abdominal,
hiperglicemia (aumento de la glucosa en la sangre), hipertrigliceridemia (aumento de la
cifra de triglicéridos en la sangre) y niveles disminuidos de HDL (colesterol bueno).
En el reporte del ATPIII, los pacientes con un
riesgo absoluto a los 10 años de >20% para el desarrollo de C.I.
clínica, son considerados candidatos para una terapia agresiva, de la misma forma que los
pacientes diabéticos, independientemente de si tienen o no C.I., ya que
su riesgo absoluto para eventos coronarios mayores es muy alto.
Con respecto al
síndrome
metabólico, la mayoría de las personas que lo padecen son sedentarias y presentan
obesidad o sobrepeso. En estos pacientes la reducción de peso, junto con un incremento de
la actividad física, promoverá la corrección de los niveles de LDL, de la misma forma
que proveerá otros importantes beneficios a la salud, entre los que se incluyen factores
de riesgo lipídicos y no lipídicos.
De todo esto, las más importantes
recomendaciones para el público derivadas del reporte, quizás sean los cambios
terapéuticos del estilo de vida. El ATPIII recomienda una aproximación
multifactorial para reducir los riesgos para C.I., en la que sus más
importantes características son:
Reducir la ingesta de grasas saturadas a
<7% de calorías totales, (encontradas en leche completa, quesos amarillos,
quesos blancos elaborados con leche completa, carnes, flanes, quesillos, budines, tortas,
palmeritas y otros productos de panaderías, entre los más destacados) y
colesterol a <200 mg diarios.
Mantener la ingestión de grasa total entre un 25
a 35% de las calorías totales y tratar de evitar en lo posible el consumo de
ácidos grasos trans, otras de las grasas que característicamente
aumentan las LDL, encontradas en aceites o grasas que se calienten por un tiempo
prolongado, como en los sitios de comida rápida masiva o se utilicen para freir alimentos
más de 2 ó 3 veces.
Consumo de estanoles y esteroles derivados de
plantas, encontrados en vegetales verdes (2 g/día) para acelerar la disminución de LDL,
además de un incremento de la fibra soluble dietética (10-25 g/día), con un consumo
total de fibra diario entre 20 y 30 g.
Ingestión de carbohidratos correspondiente a un
50 - 60% del total de calorías diarias, los cuales deben derivar predominantemente de
comidas ricas en carbohidratos complejos como los granos, frutas y vegetales.
Reducción de peso.
Incremento de la actividad física, de tal manera
que el consumo de energía diario sea de al menos 200 Kcal.
Como puede verse, para
todas las medidas terapéuticas dietéticas, es fundamental la orientación del
paciente por parte de un nutricionista calificado.
Además de la reducción en la ingesta de
grasas de origen animal, así como de carbohidratos simples (harinas, dulces, etc),
el incremento de la actividad física y la reducción de peso, es muy importante
el tratamiento farmacológico que le indique su médico. Sin embargo, debe
tener en cuenta que su problema es metabólico y por lo general crónico:
en el momento que usted suspenda la medicación, muy probablemente su nivel de
colesterol y/o de triglicéridos van a aumentar nuevamente, particularmente
peor, en la medida que esté su dieta, su peso y su actividad física.
También debe tener en cuenta que los
diferentes medicamentos que se utilizan producen efectos secundarios, los
cuales deben ser monitorizados con exámenes periódicos sanguíneos, junto con su
nivel de colesterol y/o de triglicéridos, a criterio de su médico tratante, de
manera de ajustar la dosis en caso de ser necesario.
Fuente:
-
Executive
Summary of the Third Report of the National Cholesterol Education
Program (NCEP) Expert Panel on Detection, Evaluation, and Treatment of
High Blood Cholesterol in Adults (Adult Treatment Panel III) Expert
Panel on Detection, Evaluation, and Treatment of High Blood
Cholesterol in Adults. JAMA: Vol. 285
No. 19, May 16, 2001 : 2486-2497
-
Lauer
, M., Fontanaro sa , P. Editorial:
Updated Guidelines for Cholesterol Management .
JAMA: Vol. 285 No. 19, May 16, 2001
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| Medicina Interna |
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Ambulatorio Medis. |
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Av. José María
Vargas. Centro Comercial Santa Fe. |
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Nivel C3. Consultorio 2. |
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Caracas. Venezuela. |
Última actualización:
julio 06, 2008
* Morbilidad:
Proporción de personas que enferman en un sitio y tiempo determinado.
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