Y aunque el riesgo de desarrollar diabetes, a lo largo de unos tres años, se redujo en casi la mitad de los que siguieron la intervención de estilo de vida, se redujo aún más en el subgrupo que también tenía intolerancia a la glucosa al inicio del estudio.
Estudios previos demostraron que modificaciones intensivas del de estilo de vida puede prevenir la diabetes mellitus tipo 2 entre las personas con intolerancia a la glucosa, aunque resultados benéficos similares no han sido probados en aquellos con una alteración de los niveles de glucosa en ayunas. Se investigó la eficacia de la modificación del estilo de vida sobre la incidencia de diabetes tipo 2 entre aquellos que presentan alteración de los niveles de glucosa en ayunas.
Dado que los pacientes que siguieron las intervenciones de estilo de vida también perdieron significativamente más peso que aquellos que no lo hicieron, se puede inferir que la reducción de la ingesta total de calorías, el aumento de la actividad física y la reducción de peso subsecuente observada en grupo intervenido, podría conducir al mejoramiento de la tolerancia a la glucosa, según los autores, dirigidos por el Dr. Toshikazu Saito (Departamento de Medicina Interna, Hospital General de la Seguridad Social de Chuo, Tokio, Japón), del Estudio Zensharen del grupo de estudio para la Prevención de Enfermedades del Estilo de Vida.
Los estudios que apoyan el uso de intervenciones para prevenir la diabetes, por lo general han incluido a pacientes en alto riesgo de padecer la enfermedad, identificados por la prueba de tolerancia oral a la glucosa (PTOG), pero debido a esta es engorrosa y en algunos casos pobremente reproducible, las intervenciones para la prevención de la diabetes pueden trabajar en un grupo seleccionados por otros marcadores de riesgo.
El presente estudio es esclarecedor en ese sentido, sugiriendo que este tipo de intervenciones pueden prevenir la diabetes en pacientes con glucosa alterada en ayunas, especialmente aquellos que tienen otros marcadores de riesgo, como niveles elevados de hemoglobina glicosilada (HbA1c).
Saito y colaboradores reclutaron 641 personas 30 a 60 años de edad, con un índice de masa corporal (IMC) > 24 y un nivel de glucosa plasmática en ayunas de 100 a 125 mg / dl de 38 centros en Japón.
Se asignaron al azar a un grupo de intervención frecuente (n = 311) o a un grupo control (n = 330) durante 36 meses. El programa de intervención frecuente incluyó nueve sesiones con el personal médico en las cuales recibieron instrucciones específicas individuales para la modificación del estilo de vida y para el soporte durante el seguimiento. El objetivo principal del estudio fue la incidencia de diabetes tipo 2, diagnosticada con una prueba anual de tolerancia glucosada oral con 75 g de glucosa, en base a los criterios de la Organización Mundial de la Salud.
La intervención dietética estuvo destinada a reducir el consumo de energía total, principalmente controlando la ingesta de grasas entre un 20% y 25% del consumo total de energía y la ingesta de hidratos de carbono entre un 55% y 60% del consumo total de energía. El grupo de intervención fue instruido también en la manera de incrementar los niveles de actividad diaria.
Los participantes en el grupo control recibieron cuatro intervenciones similares una vez al año durante los 36 meses del estudio y también fueron instruidos para bajar de peso.
El grupo de intervención frecuente tuvo una incidencia acumulada estimada de diabetes tipo 2 (diagnosticada en la prueba anual de tolerancia glucosada con 75 g por vía oral, en base a los criterios de la Organización Mundial de la Salud) de 12,2%, comparado con un 16,6% en el grupo control, para una razón de riesgo (RR) ajustada global de 0,56 (IC del 95%, 0,36-0,87).
En el subgrupo de participantes con intolerancia a la glucosa al inicio del estudio (n = 131 en ambos grupos de aleatorización), la RR para la incidencia de diabetes en el grupo de intervención comparado con el grupo control fue de 0,41 (IC del 95%, 0,24-0,69), de acuerdo con un análisis de subgrupos post hoc.
Entre los participantes con niveles basales de HbA1c de al menos 5,6%, la correspondiente RR fue de 0,24 (IC 95% 0,12-0,48).
El resto de los participantes con alteración aislada de la glucosa en ayunas al inicio del estudio, o niveles de HbA1c < 5,6%, no mostraron ninguna reducción significativa en el riesgo de incidencia de diabetes.
Una reducción de peso de 5% o más fue alcanzado por casi el doble de los participantes en grupo de intervención frecuente durante todo el período de estudio que los del grupo de control, por lo que se puede inferir que la reducción de la ingesta total de energía, el aumento de la actividad física y la reducción de peso observada en grupo de intervención frecuente podría conducir a una mejora en la tolerancia a la glucosa.
Las modificaciones estilo de vida pueden prevenir la diabetes tipo 2 entre la población japonesa con sobrepeso y alteración de los niveles de glucosa en ayunas. Además, la identificación de individuos con un estatus glicémico deteriorado mediante los hallazgos de una prueba oral de tolerancia glucosada de 75 g o, especialmente, la medición de los niveles de la hemoglobina A1c, podría mejorar la eficacia de las modificaciones de estilo de vida.
Saito y colaboradores proponen que, en base a sus resultados, el nivel de HbA1c nivel podría ser un excelente marcador de riesgo en el despistaje de pacientes candidatos para la modificación de estilo de vida.
Referencia:
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Saito T, Watanabe M, Nishida J, et al. Zensharen Study for Prevention of Lifestyle Diseases Group. Lifestyle modification and prevention of type 2 diabetes in overweight Japanese with impaired fasting glucose levels: a randomized controlled trial. Arch Intern Med. 2011;171(15):1352-1360. doi:10.1001/archinternmed.2011.275
