|

Desde mucho antes de la era Cristiana, los
médicos griegos y romanos sospechaban que agentes pequeñísimos e invisibles eran la
causa de muchas enfermedades, las cuales de alguna manera, podían transmitirse de un
individuo a otro.
A
pesar de que mucho más adelante en la
historia, el italiano Girolano Francastoro (1478-1553) atribuyó las enfermedades
epidémicas, a unos minúsculos gérmenes que se multiplicaban en el cuerpo del enfermo y
distinguió 3 formas de contagio de dichas enfermedades (1.- por contacto directo, 2.- por
objetos contaminados y 3.-por el medio ambiente) y Leeuwenhoek reveló su presencia (1632-1723),
no fue hasta el siglo XIX cuando se descubrió que eran los agentes causales de muchas
enfermedades y comenzó la lucha contra ellos.
El verdadero nacimiento de la quimioterapia
antibacteriana se produjo con Paul Ehrlich (1854-1915), quien después de ensayar
un gran número de compuestos y llegar al 606, encontró finalmente uno eficaz para el
tratamiento de la sífilis.
Ehrlich fue el primero en formular los
principios de la toxicidad selectiva y en reconocer las relaciones químicas específicas
entre los microorganismos y los medicamentos, el desarrollo de resistencia por estos
últimos y el papel de la terapéutica combinada para combatir dicho desarrollo.
El descubrimiento de la penicilina se debió a un error fortuito; en una
placa de Petri donde Alexander Fleming (1881-1955) tenía un cultivo puro de
estafilococos, apareció un moho y alrededor de éste, una zona clara sin crecimiento
bacteriano. Los cultivos en caldo de dicho moho contenían una sustancia que inhibía el
crecimiento de las bacterias y que era inocua para los animales.
La época actual, de rápido desarrollo en
la quimioterapia antimicrobiana, comenzó en 1.935 con el descubrimiento de las
sulfonamidas por Domagk.
A pesar de que la penicilina fue
descubierta en 1.929, su empleo clínico no fue sino hasta el año 1.940, cuando Chain y
Florey demostraron que podía convertirse en una sustancia quimioterápica efectiva.
Durante los últimos 35 años, la
investigación quimioterápica se centró fundamentalmente alrededor de las sustancias
antibacterianas de origen microbiano llamadas antibióticos. Al aislamiento,
concentración, purificación y producción en masa de la penicilina, siguió el
desarrollo de la estreptomicina, tetraciclinas, cloranfenicol y muchos otros agentes.
La modificación química de las moléculas
originalmente biosintetizadas así como la síntesis de nuevos compuestos, han
constituido en años recientes los métodos más importante en el desarrollo de los cada
vez más variados y potentes antibióticos.
Toxicidad selectiva
Un agente antimicrobiano ideal muestra
toxicidad selectiva, esto es que es nocivo para un microorganismo, sin serlo para el
huésped. A menudo, esta
toxicidad selectiva es
relativa, es decir, que el medicamento en una concentración tolerable para el huésped,
puede dañar al parásito.
Esta toxicidad puede depender de la
inhibición de fenómenos bioquímicos esenciales para el microorganismo, pero no para el
huésped o puede depender de la función de un receptor específico requerido para la
fijación del medicamento.
Se puede decir que en general, los
antibióticos tienen 4 principales mecanismos de acción sobre los microorganismos
infectantes:
Inhibición de la síntesis de la pared
celular: Penicilinas, cefalosporinas, vancomicina.
Alteración de la permeabilidad de la
membrana celular o inhibición del transporte activo de sustancias a través de dicha
membrana: Anfotericina B, imidazoles, nistatina (antimicóticos)
Inhibición de la síntesis de
proteínas: Tetraciclinas, macrólidos (Eritromicina, azitromicina),
aminoglucósidos (amikacina, gentamicina, estreptomicina, tobramicina), clindamicina.
Inhibición de la síntesis de ácidos
nucléicos (el material genético constituído por el ADN y ARN): Acido nalidíxico,
sulfonamidas, trimetoprim, rifampicina.
Empleo clínico de los
antibióticos
Ningún antibiótico sirve
indistintamente
para todas las infecciones. La escogencia de un antibiótico ante una determinado problema
infeccioso en un paciente, no depende de cuál es el antibiótico que está "de
moda".
Muchas veces, ni siquiera se justifica su
uso, como por ejemplo en el caso de infecciones virales, en las cuales no sólo no van a
ser efectivos, sino que pudieran ocasionar
problemas
derivados de su uso indiscriminado.
El uso y selección racional de los
antibióticos en la práctica clínica depende de numerosos factores, entre los que
destaca el diagnóstico del problema.

Se debe formular un diagnóstico causal
específico, aunque frecuentemente éste puede hacerse sobre la base de una impresión
clínica. Obviamente, el diagnóstico sólo puede hacerlo un médico, después del
interrogatorio del paciente, de su examen clínico y de la interpretación de las pruebas
y exámenes paraclínicos pertinentes.
Conjuntamente con la impresión clínica ,
otras consideraciones como el sitio de la infección, la edad del paciente, el sitio donde se adquirió la misma
(comunidad, hospital, etc.) y la existencia de factores predisponentes como exposición a
transmisores, presencia de catéteres, deficiencias inmunitarias, transplantes,
quimioterapia anticancerosa, etc., pueden permitir la selección de un antibiótico
adecuado y si es posible, como una precaución deseable, es conveniente obtener una
muestra representativa del problema del paciente (esputo, orina, sangre, etc.) para el
estudio bacteriológico, antes del inicio de la administración del o de los
antibióticos.
Tan pronto como se obtienen dichas
muestras, puede iniciarse el tratamiento sobre la base de la "mejor conjetura".
Una vez que se ha identificado el agente causal por los procedimientos de cultivo y
antibiograma en el laboratorio, el tratamiento empírico puede modificarse en el caso que
sea necesario.
Las pruebas de antibiograma con discos, por
lo general indican si el germen cultivado es sensible o resistente a las concentraciones
séricas del antibiótico que se logran en el paciente con los regímenes posológicos
convencionales y proporcionan una valiosa guía para la selección del tratamiento.
Cuando existen grandes discrepancias entre
los resultados de laboratorio y la respuesta clínica del paciente, hay que considerar las
siguientes posibilidades:
Elección de un antibiótico, dosis o
vía de administración inadecuada.
Falta de drenaje de un absceso o de
eliminación de un cuerpo extraño
Imposibilidad del antibiótico, por sus
características farmacológicas para llegar al sitio de la infección (Hay antibióticos
que son especiales para llegar a determinados sitios del cuerpo, mejor que otros) o a
bacterias intracelulares fagocitadas (dentro de algunos glóbulos blancos).
Aparición de microorganismos resistentes
al antibiótico.
Participación de dos o más
microorganismos en el proceso infeccioso, de los cuales se descubrió originalmente uno de
ellos con el cultivo.
Sobreinfección en el curso de una
quimioterapia prolongada.
Peligros del uso
indiscriminado de los antibióticos
El uso indiscriminado de los antibióticos
conlleva a varias situaciones contraproducentes desde todo punto de vista, tanto para la
persona que los utiliza, como para toda la humanidad, entre las que podemos destacar:
Sensibilización diseminada de la
población, con aparición de alergia, hipersensibilidad, fiebre y trastornos sanguíneos,
entre los más destacados.
Cambios en la flora normal del cuerpo del
usuario, con posibilidad de enfermedad resultante por "superinfección", debida
a crecimiento excesivo de gérmenes resistentes al antibiótico utilizado. El antibiótico
no sólo mata a los microbios malos, también mata a todos aquellos que forman parte de la
flora normal que vive en nuestro cuerpo, permitiendo que proliferen todos aquellos que no
son sensibles al mismo, tanto de tipo bacteriano e incluso hongos, con posibilidad de
causar problemas severos.
Enmascaramiento de infecciones graves sin
erradicación de las mismas.
Toxicidad directa del medicamento,
particularmente con el uso prolongado o indiscriminado de algunos agentes: Merece destacar
el daño renal y/o la pérdida de la audición producida por agentes del grupo de los
aminoglucósidos, de amplio uso actualmente.
Desarrollo de resistencia al antibiótico
en poblaciones microbianas, primordialmente a través de la eliminación de
microorganismos sensibles en medios saturados de antibióticos como los hospitales y su
substitución por gérmenes resistentes a los mismos.
 |
Efecto de
diferentes antibióticos en disco en el crecimiento de un cultivo bacteriano: Se
observa en la imagen de la izquierda áreas de inhibición del crecimiento bacteriano,
según la sensibilidad. A la derecha, bacterias mutantes resistentes han desarrollado
colonias en la zona de inhibición del antibiótico. |
Peor aún, en muchas oportunidades
el paciente, a pesar de tener indicación para la utilización de antibióticos y de que
casualmente el medicamento "de moda" o recomendado por la vecina, familiar, amigo o hasta por el muchacho que
vende en la farmacia, pudiera ser la elección correcta, no se utilice la dosis y/o
esquema de administración apropiado. Muchas veces, ni siquiera se necesita usar
antibióticos.
Por todo ello, desde todo punto de vista es
"más económico" consultar con su médico; él es el único que verdaderamente
podrá indicarle con propiedad, no sólo un antibiótico, sino cualquier otro medicamento.
|
|
 |
|
Publicidad |
|
 |
|
|
|
Publicidad |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|